En pleno siglo 21 no puedo evitar
observar cómo vamos redefiniendo nuestros objetos, ideas y por supuesto por qué
no, también personas ¿Qué es bueno? ¿Qué es bello? ¿Qué es sano? ¿Qué es una
mujer? ¿Qué es un hombre?
Como terapeuta, me encuentro a muchas personas tratando de encontrar su
verdadero yo en medio de moldes superpuestos y donde no caben pues algo les
falta o algo les sobra para entrar allí,
y a pesar de que todos alzamos la voz en pro de la individualidad y el
dejar ser, parece que nuestro inconsciente nos traiciona, tratando de
parecernos a la modelo de turno, siguiendo la norma.
Y ¿Por qué hablamos de mujeres? Pues porque por alguna razón, la presión sobre
nosotras y lo físico pareciera ser más fuerte, más agobiante. La presión sobre nuestros compañeros varones
es de una naturaleza diferente, lo cual hablaremos en otro artículo
Por mucho tiempo me he encontrado
con mis pacientes sobrevivientes de cáncer de seno, librando una lucha titánica
contra sus propios prejuicios, el dolor de verse mutiladas físicamente no tiene
comparación con el horror de ya no ser “mujeres” por qué les falta un seno o
los dos. El haber vuelto físico el significado de ser mujeres, nos ha llevado a
tomarle mayor atención a nosotras como objetos de deseo, y hemos relacionado
este objeto de deseo con el amor que tanto necesitamos, “Si soy hermosa, me
amarán” “Si estoy completa, entonces recibiré amor”.
Puedo decir sin duda, que lo más
terrible con lo que tienen que librar estas preciosas mujeres es con la vergüenza,
el hecho de sentirse de alguna manera, culpables de lo que les ha sucedido, y peor
aún, indignas del amor y el respeto que “una mujer con dos senos” se merece.
Hacer un duelo liberador no solo
implica coraje para dejar ir lo que ya no se tiene, sino también que podamos
pedir ayuda cuando la estamos necesitando.
La batalla psicológica y la búsqueda
del verdadero “Self” es lo que lleva a estas mujeres a sobrevivir el trauma, y
darse cuenta que son mucho más que dos senos, y que el hecho de haberle ganado
la batalla al cáncer lo demuestra. Pero
implica valentía, ser capaces de tomar los moldes culturales y volverlos
flexibles, capaces de ajustarse a su nueva realidad, y no darse por vencida.
La primera batalla que hay que
vencer, es contra nosotras mismas, contra nuestras propias ideologías, nuestros
propios roles que hemos mantenido y abordado durante toda nuestra vida.
¿Se puede? El trabajo en muchas
mujeres que lograron enfrentarse a ese patrón injusto de medirlas y
calificarlas lo demuestra, si necesita ayuda, búsquela. Lo importante es entender que la calidad de
vida implica sentirme bien conmigo misma, con lo que soy y lo que tengo, ser
feliz a pesar de lo que ya no tengo.

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